Los mochileros existen desde siempre. Desde que los humanos iban de un lugar a otro buscando comida y refugio; los conocidos nómadas. En la época Medieval, cuando la religión era el principio de todo, a los mochileros se les conocían como peregrinos. Aquellos peregrinos dormían donde les cogiera la noche. Y así podían pasar meses y años, de casa en casa, de peregrinación en peregrinación.
Después de un tiempo, cuando esas familias se dieron cuenta que de aquello podrían hacer un negocio, se construyeron albergues. Y entonces los peregrinos pagaban por dormir en ellos. Hoy, el negocio sigue: los albergues y los peregrinos están más activos que nunca.
En el 2004 en Medellín existían tres hostales. El primero en toda la ciudad fue Hostal Medellín. Hoy, según la Secretaría de Turismo, hay 27 identificados. Determinados por su flujo de visitantes, la zona en la que están ubicados y la infraestructura.
A los mochileros se les conoce como flashpackers (empacadores rápidos), o technohostales. Y la diferencia que tienen con otro turista más que su alma aventurera por recorrer ciudades y países caminando, estar lejos de sus costumbres el tiempo que sea necesario, es el lugar donde se quedan. Un hostal es un establecimiento que proporciona alojamiento y alimentación, de menor categoría que un hotel.
Medellín, es hoy, una ciudad invadida por diferentes nacionalidades, una ciudad invadida por diferentes idiomas, diferentes olores, diferentes miradas, diferentes culturas, diferentes rasgos y diferentes hostales.
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